Hoy nos toca hacer un homenaje a una gran compañera de la FEC, Lidia, quien recorrió miles de veces nuestra casa y nos acompañó a todxs durante tantos años. ¡Gracias Lidia por todo tu amor! 💜

Sigue y seguirá siempre presente en las hermosas plantitas que dejó y que siempre cuidó, como a todxs nosotrxs.🙏

👉 Les compartimos un hermoso escrito de Lucía Bracelis, que resume nuestro cariño por ella.

A LIDIA

Lidia era mi confidente. Y yo la suya. Teníamos secretos que nunca diríamos a nadie, que compartíamos en los pasillos de la Fundación Ecuménica, donde trabajábamos.
Pero también tenía yo un secreto que nunca le dije: la admiraba. Ella para mi representaba la humildad, la discreción, la amabilidad, la dulzura propia de una madre. Todo eso que yo no tengo. Pero también tenía algo de hermana, porque era un poco pícara y divertida, en confianza, claro.
Ella representaba una heroína de las que quizás nadie habla pero de las que el mundo depende siempre.
Lidia desafío durante toda su vida los más altos paradigmas de este mundo. Al capitalismo, trabajando y siempre siendo más bien pobre. Desafió los paradigmas de género, siendo una mujer que trabajó siempre. El paradigma del amor porque era realmente amada por todos. Había desafiado la exclusión que dan las distancias, tomando a veces tres micros para llegar a trabajar desde la periferia de la periferia. Desafió las exclusiones en general, porque directamente las ignoraba.
Cuando se enteró de su enfermedad la enfrentó con la timidez y valentía que la caracterizaban. No era una guerrera escandalosa sino discreta, pero no menos guerrera.
Quisiera hacer una dedicatoria, un reconocimiento decente, pero no me está saliendo. Incluso me cuesta hablar en pasado.

La imagino encontrándose con la Isabel y preguntando que hace ahí, porque nadie le aviso. O al menos yo no me animé la última vez que la vi.

Lidia era muy importante para nosotros.

La vi llegar todas las mañanas y hacer su trabajo compenetrada, silenciosa, prudente. Desde el silencio. Tanto la vi trabajar que deseo que dios ahora barra su piso, arme su cama y haga su comida. Para que de verdad, ella descanse.

Biblioteca Mauricio A. López
Iverna Monzon
MEDH – Regional Mendoza