Cristo Salvador: el barrio que levantaron los chilenos en los ‘80

Lo construyeron vecinos que dejaron su país tras la caída de Allende. La particular historia de un logro producto del esfuerzo común.
por Miguel Títiro – Los Andes
Nos situamos en 1978. El gobierno de facto se preparaba para el Mundial de Fútbol, y en las inmediaciones del estadio Malvinas Argentinas no convenía tener asentamientos clandestinos. Así, se desarmaron los barrios Corazón de María, Flores Oeste y Olivares y se organizaron planes de vivienda para sus ocupantes argentinos.

Pero quedaron marginados de esa opción muchos chilenos asentados allí y, en menor medida, un puñado de bolivianos.

En la búsqueda de soluciones llegaron hasta la Comisión Católica para Inmigrantes, dependiente del Arzobispado. La trabajadora social María Elisa Nicolau (67) estaba a cargo de esa oficina, que a pesar de que perdió apoyo de las autoridades eclesiásticas no se amilanó y buscó auxilio en la Fundación Ecuménica de Cuyo.

En la institución de calle San Lorenzo, las familias trasandinas y bolivianas encontraron los marcos de organización para lograr el objetivo de un techo propio.

“Había que ubicar y rápido un terreno”, recordó Nicolau junto a Mirta Vivante (68), quien la ayudó en la tarea. En ese cometido, un escribano les sugirió que compraran una finquita abandonada, al este de la avenida San Martín al 3000, distrito de Panquehua.

Hombres y mujeres se pusieron febrilmente para conseguir la plata para adquirir el predio, que no era caro y además, el propietario lo vendió en 10 cuotas. “Los hombres -evocó Vivante- vendieron sus bicicletas y otras pertenencias, y las mujeres salieron a trabajar para las mensualidades”.

Hacia 1981 compraron el inmueble entre 55 familias. Juan Opazo, un minero, que como muchos escapó del régimen de Augusto Pinochet, era el delegado que aportaba sus conocimientos de las luchas reivindicatorias en su país.

En altura

Un constructor ecuatoriano, don Egas, propuso hacer casas de dos pisos, debido a la escasa dimensión de los lotes. Como la presión para irse a Panquehua era muy grande, muchos se fueron a vivir precariamente en el fondo del lote, tras hacer el cierre del terreno y levantar un techo liviano y un baño precario.

“El asunto era tomar ubicación porque no había que seguir en los asentamientos”, recuerda Francisco Vergara (63).

La estrechez del terreno elegido hizo temer que no todos pudieran hacer sus paredes y fue entonces cuando se adquirió un predio colindante, que pagó la Fundación Ecuménica, donde se reservó lugar para la futura unión vecinal.

Como entre los preadjudicatarios los obreros de la construcción eran mayoría, ellos mismos colocaron la red de agua, las cloacas y el alumbrado público. A la distancia, los vecinos recuerdan que fueron apoyados por la Municipalidad de Las Heras, la ex Obras Sanitarias y hasta Vialidad, que prestó una topadora.

Fondo rotativo

Al momento de construir, Bracelis recuerda que desde Holanda llegaron fondos que permitieron hacer los cimientos de 10 casas. “Inventamos un fondo rotativo con el dinero holandés y le dábamos 10 préstamos a igual cantidad de familias y cuando devolvían la plata, generábamos otro grupo y seguía la cadena.

Fue la forma solidaria de ir avanzando en la construcción”, evocó. Otro factor positivo fue que cada jefe de familia trabajaba (si podía) en su lote o delegaba en algún vecino que le ayudaba, sistema que fue bautizado como “autoconstrucción solidaria”.

En 1985, el entonces ministro de Bienestar Social, Rodolfo Montero, les consiguió un subsidio para erradicación de ranchos, que sirvió para poner la mampostería y el techo de la planta baja de las casas. Y luego poco a poco se fue terminado todo el barrio.

El Cristo Salvador (por el ex presidente Allende) tuvo una “sucursal”, ya que hijos y familiares de los pioneros levantaron, cruzando calle Dorrego, el barrio Unidad Latinoamericana, donde está emplazada la biblioteca Mirta Vivante.

Esteban Pizarro (31) nació y se crió en el barrio y no quiere irse. Como muchos habitantes actuales, heredó la casa de sus progenitores. En su caso, de su papá Víctor, chileno, y allí se estableció con su esposa Jessie (25), quien está embarazada.

“Aquí nos quedaremos, queremos a la zona”, comentó. Como muchos en el área, pide al municipio lasherino que pavimente los pocos metros de calles que hay, ya que el asfalto es el último servicio que falta lograr.

Fue uno de los primeros barrios del sector, donde limitan El Resguardo y Panquehua. Después surgieron el 26 de Enero (post terremoto del ‘85), El Pedregal, Los Ciruelos, Integración, Juan Agustín Maza, Juncal y otros.